¿Qué es la medicina regenerativa facial?

La medicina regenerativa facial aplica los mecanismos naturales de reparación del organismo al tratamiento de la piel dañada o enferma: mediante sustancias biológicas con marcado CE, busca restaurar la estructura y la función del tejido cutáneo, mejorando la salud de la piel desde su base y no solo su aspecto.

¿Qué patologías faciales tratamos?

Tratamos cicatrices (atróficas por acné, quirúrgicas o traumáticas), rosácea, xerosis (sequedad patológica de la piel) e hiperpigmentación postinflamatoria (manchas tras una inflamación o lesión), con sustancias biológicas de acción regenerativa aplicadas directamente sobre la piel dañada.

Existen diferentes tratamientos como el ácido hialurónico (molécula esencial para la hidratación y la estructura de los tejidos), los exosomas (vesículas extracelulares que transportan señales regenerativas), los polinucleótidos (estimulan la reparación celular), la glicina, el colágeno y los aminoácidos (componentes esenciales para la estructura de la piel), el ácido poliláctico y la hidroxiapatita cálcica (biocompatibles que estimulan la regeneración y aportan estructura al tejido), los neuromoduladores (modulan la contracción muscular), los complejos vitamínicos (nutrientes esenciales para la salud de la piel), el peeling químico (renovación celular controlada), la radiofrecuencia (tecnología que estimula la producción de colágeno y la remodelación del tejido conectivo) y el láser médico (tecnología para el tratamiento de la piel), según la indicación médica de cada caso.

¿Cómo se realiza?

  • Valoración médica previa: historia médica, exploración física y estudio de los factores que pueden influir en el estado de la piel —como enfermedades o periodos de estrés—. Se solicita una analítica y se realiza una dermatoscopia facial y un examen con lámpara de Wood, para valorar el estado de la piel.
  • Aplicación del tratamiento: procedimiento personalizado, adaptado al problema concreto de cada paciente.
  • Seguimiento: revisiones periódicas para valorar la evolución, la tolerancia al tratamiento y los posibles efectos adversos que pueda tener el paciente.