Salud digestiva: microbiota, síndrome del intestino irritable (SII) y SIBO

La mayoría de los síntomas digestivos crónicos —hinchazón, gases, dolor abdominal o alteraciones del tránsito— no suelen ser “intolerancias” sueltas: tienen su origen en un desequilibrio de la microbiota intestinal o en un trastorno funcional como el síndrome del intestino irritable (SII) o el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO). Etiquetar sin diagnosticar es el error más común, y un buen diagnóstico cambia por completo el tratamiento.

Fundamento clínico

El intestino alberga miles de millones de bacterias —la microbiota— que participan en la digestión, en la defensa inmunitaria y en el equilibrio inflamatorio de todo el organismo. Cuando esa comunidad se desequilibra (disbiosis) o el intestino delgado se sobrepuebla de bacterias procedentes del colon (SIBO), los alimentos fermentan donde no deben, se genera gas en exceso y la barrera intestinal pierde eficacia. Recuperar ese equilibrio es la base de cualquier tratamiento digestivo eficaz y duradero.

¿Qué hay detrás de los síntomas digestivos?

  • Síndrome del intestino irritable (SII): el trastorno funcional digestivo más frecuente, con dolor abdominal y alteración del ritmo intestinal.
  • SIBO (sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado) e IMO (sobrecrecimiento metanogénico intestinal): causa creciente de gases, hinchazón y distensión abdominal.
  • Disbiosis: desequilibrio de la microbiota intestinal, que fermenta en exceso los alimentos y favorece la inflamación de bajo grado.
  • Malabsorciones reales: como las de lactosa o fructosa-sorbitol, detectables con pruebas validadas.
  • Alergias alimentarias IgE: reacciones inmunológicas que requieren un manejo de alta seguridad.

Distinguir entre alergia e intolerancia es clave: la alergia es una reacción inmunológica, mientras que la intolerancia es una alteración no inmunológica debida a déficits enzimáticos, problemas en el transporte de nutrientes o sensibilidad química. El diagnóstico correcto evita restricciones innecesarias y, en ocasiones, peligrosas.

Cómo trabajamos en consulta

Trabajamos con un método estructurado en cuatro fases:

  • Primera consulta: historia médica, historia nutricional, exploración física, revisión de informes médicos y análisis previos, para orientar la sospecha clínica.
  • Diagnóstico con pruebas validadas: según el caso, test de aliento de hidrógeno/metano espirado (el método de referencia para el SIBO y las malabsorciones de lactosa o fructosa-sorbitol). Ante la sospecha de alergia alimentaria, solicitamos la determinación sérica de IgE específica y coordinamos la derivación al alergólogo para las pruebas cutáneas (prick test).
  • Plan personalizado según la causa: modulación de la microbiota con pautas dietéticas y, cuando está indicado, probióticos bajo criterio médico; dieta baja en FODMAP cuando los síntomas lo requieren (protocolo bajo en FODMAP en sus fases de eliminación y reintroducción dirigida); y restauración de la barrera intestinal.
  • Seguimiento y reintroducción controlada: ampliación progresiva de la dieta hasta lograr la mayor variedad de alimentos posible sin síntomas, con revaluación periódica.

¿Sin síntomas pero quiere prevenir? Consulte el apartado de microbiota y salud digestiva dentro de Medicina Preventiva.